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Cómo la inteligencia artificial podría revolucionar la psicología

De chatbots terapéuticos a entornos virtuales: tendencias y desafíos éticos que redefinen la relación entre pacientes y profesionales.

Catalunya

10 de abril de 2025

Manuel Jasso

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la psicología plantea una pregunta fundamental: ¿puede un sistema de IA ofrecer una atención psicológica beneficiosa para el paciente? Plataformas como Character.ai albergan ya 475 chatbotsdedicados a la terapia, entre ellos “Psychologist”, que registra 3,5 millones de visitas diarias y ha intercambiado más de 200 millones de mensajes con usuarios de 16 a 30 años atraídos por la accesibilidad y el anonimato de estos bots.


Para los expertos Manuel Armayones y Pablo Vallejo, de la Universitat Oberta de Catalunya, la IA está transformando el presente y futuro de la psicología. Aplicaciones como Woebot, basada en terapia cognitivo-conductual, y Replika, que crea un compañero virtual, ya ofrecen apoyo en tiempo real, y se espera que en 2025 mejoren tanto los diagnósticoscomo las intervenciones, redefiniendo la interacción entre profesionales y pacientes.


No obstante, la falta de supervisión puede conducir a la desinformación y al riesgo de contenidos dañinos, como trivializar trastornos alimenticios. “Puede llegar a decir que la anorexia es ‘un estilo de vida’”, advierte Armayones, quien insiste en la necesidad de un enfoque ético y supervisado. Vallejo propone equipos híbridos —psicólogos asesorados por IA bajo la supervisión de un humano (human in the loop)— para garantizar intervenciones seguras y efectivas.


La realidad virtual (RV) también juega un papel clave: desde simulaciones de fobias y trastornos de ansiedad hasta prácticas clínicas en entornos controlados. Con gafas de RV accesibles por menos de 500 euros, las escuelas de psicología pueden entrenar a sus alumnos con simulaciones de alta fidelidad antes de tratar casos reales.


En el ámbito de la prevención y detección precoz, la IA analiza grandes volúmenes de datos —redes sociales, registros médicos, biométricos y patrones de lenguaje— para identificar señales de riesgo de trastornos como la bipolaridad o el TEPT antes de que los síntomas sean evidentes.

El acceso a datos íntimos —por ejemplo, conversaciones de WhatsApp— podría ofrecer a los psicólogos información inédita sobre la evolución emocional de un paciente, pero plantea serias dudas de privacidad y “cajas negras” algorítmicas cuya explicabilidad resulta esencial para no delegar decisiones críticas en sistemas opacos.


El desarrollo de la IA en psicología requiere urgentemente una regulación ética que defina su estatus como dispositivo médico o herramienta de apoyo, y garantice la protección de datos y derechos de los usuarios. Sin un marco claro, advierten los académicos, el avance podría desbordarse sin el control necesario.


Finalmente, la manipulación psicológica y la desinformación representan amenazas reales. Bots capaces de generar contenido personalizado pueden influir desde decisiones de compra hasta creencias políticas, afectando la salud mental y la cohesión social. Según la UE y estudios recientes, educar a la población para detectar noticias falsas y regular estos sistemas es clave para evitar su uso malicioso.


La inteligencia artificial ya forma parte del arsenal de la psicología, pero su éxito dependerá de combinar innovación con ética, supervisión profesional y normas claras que protejan tanto a pacientes como a profesionales.

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